





Cambiar el suelo ha sido uno de esos cambios que transforma por completo la casa, y aunque lleva trabajo, el proceso es bastante sencillo si se hace con calma y siguiendo los pasos.
Lo primero que hicimos fue preparar muy bien el suelo original. Aspiramos y limpiamos toda la superficie para eliminar polvo, pequeñas piedras o cualquier resto que pudiera provocar desniveles una vez colocada la tarima. Es importante que la base esté completamente limpia, seca y lo más lisa posible.
Después colocamos una base aislante para suelo laminado, también conocida como manta aislante o underlay. Es esa lámina que se coloca entre el suelo original y la tarima y que ayuda a reducir el ruido de las pisadas, aporta aislamiento y corrige pequeñas irregularidades. Nosotros elegimos una de grosor medio, suficiente para conseguir una buena sensación al caminar sin elevar demasiado el suelo.
Para el acabado elegimos una tarima laminada de Leroy Merlin de gama Extreme, buscando sobre todo que fuese resistente para el día a día, pero también que tuviese un acabado bonito y natural.
Una vez colocada la base aislante, empezamos con la tarima. Fuimos poniendo las lamas siguiendo la misma dirección y cuidando mucho las líneas y las juntas para conseguir un resultado visual más limpio y hacer que las estancias pareciesen incluso más amplias.
Cuando terminamos todo el suelo, llegó el turno de los rodapiés. Elegimos unos rodapiés blancos de 10 cm de altura, que contrastan con la tarima y hacen que el resultado se vea mucho más terminado y elegante.
Y sí: también nos atrevimos a ponerla en la cocina. La tarima que elegimos es resistente al agua, pero quisimos darle un extra de protección. Por eso aplicamos entre las juntas un sellador hidrófugo específico para suelos laminados, que ayuda a evitar que el agua pueda filtrarse entre las lamas si alguna vez se derrama más cantidad de la cuenta.
El cambio ha sido enorme. Solo sustituyendo el suelo parece que estamos en una casa completamente diferente. Es increíble cómo algo que ocupa toda la superficie de una estancia puede cambiar tanto la luz, la sensación de amplitud y el estilo de la casa.
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