





Lo que hice fue darle un lavado de cara total: primero desmonté los tiradores y las puertas para trabajar mejor. Luego me pegué la paliza de mi vida con la lijadora eléctrica y lija de grano medio hasta eliminar todo ese barniz naranja tan feo, dejando la madera natural al desnudo. Una vez limpio el polvo, protegí los bordes con cinta de carrocero y pinté las puertas y las baldas con un rodillo de espuma y una pintura verde oliva mate preciosa. Para terminar, protegí la madera clara con un barniz incoloro mate, volví a montar todo con el destornillador y ¡parece un mueble nuevo! Solo necesité la lijadora, pintura, rodillo, barniz y un poco de paciencia.