Queríamos cambiar por completo el aspecto de las paredes de casa y, como tenían gotelé, decidimos empezar por quitarlo y dejar las paredes lisas antes de pintar. Ha sido un proceso con bastante trabajo, pero el cambio ha merecido muchísimo la pena.
- Quitar el gotelé con una lijadora jirafa
Lo primero que hicimos fue lijar todas las paredes con una lijadora jirafa, una herramienta pensada para trabajar superficies grandes y que resulta muy práctica para retirar el gotelé. Las lijas se compran aparte en Leroy Merlin y se van cambiando según se van desgastando.
Con esta primera fase conseguimos eliminar el gotelé y dejar la pared preparada para empezar a alisarla con masilla.
- Aplicar la masilla
Después de quitar el gotelé empezamos con la masilla. Nosotros dimos un par de capas para intentar dejar la pared lo más lisa posible.
Entre una capa y otra dejamos aproximadamente 24 horas de secado, aunque la masilla seca bastante rápido.
Una cosa que aprendimos durante el proceso es que merece la pena no escatimar demasiado con la masilla. Puede parecer que estás utilizando mucha cantidad y que vas a gastar más producto, pero en realidad te ahorra bastante trabajo después.
Si aplicas muy poca, es fácil que queden pequeños hoyos, desniveles o zonas donde sigue faltando producto y después tienes que volver una y otra vez a corregirlas. Es mejor intentar dejar desde el principio una capa bastante uniforme.
3. Repasar las imperfecciones
Una vez seca la masilla, revisamos bien toda la pared buscando pequeños fallos: zonas que habían quedado desiguales, marcas, hoyitos o partes en las que faltaba un poco de producto.
Para estos retoques utilizamos una lija de mano. Íbamos lijando las zonas que sobresalían y, donde veíamos que faltaba material, volvíamos a aplicar un poco de masilla.
Después dejábamos secar de nuevo y repetíamos el proceso hasta conseguir una superficie bastante uniforme.
Esta parte seguramente es la más entretenida, pero también es la que marca la diferencia para que después la pintura quede bien.
- Dar una primera mano de pintura blanca
Cuando ya tuvimos las paredes lisas y completamente secas, antes de aplicar el color definitivo dimos una primera mano de pintura blanca.
Esto nos lo recomendó un pintor porque la masilla absorbe muchísimo la pintura. Si hubiésemos aplicado directamente el color elegido sobre la masilla, probablemente habría quedado desigual y habría costado mucho más conseguir el tono real.
Para esta primera capa utilizamos pintura blanca bastante diluida con agua. Esto fue algo que nosotros no sabíamos y nos resultó bastante curioso, pero nos recomendaron hacerlo así para crear una primera base sobre toda la pared.
De esta manera conseguimos que después el color definitivo quedase mucho más uniforme.
- Pintar primero bordes y esquinas
Para empezar a pintar cada capa, primero hicimos todos los bordes y las esquinas con una brocha pequeña.
Fuimos repasando los encuentros con el techo, los rodapiés y todas aquellas zonas a las que después no llegábamos bien con el rodillo.
Una vez terminados los bordes, ya pasábamos a pintar el resto de la pared.
- Aplicar el color con rodillo
Para las paredes utilizamos un rodillo de pelo, que fue el que nos recomendaron.
Elegimos un tono entre beige y topo que nos gustaba especialmente porque crea un pequeño contraste con los rodapiés y hace que toda la casa se vea mucho más cálida.
Aplicamos dos capas de pintura, dejando unas 24 horas entre una capa y otra.
Con la primera capa tuvimos nuestras dudas porque, mientras vas pintando, se notan bastante las marcas del rodillo y parece que el color no está quedando uniforme.
Además, la pintura recién aplicada se ve muchísimo más oscura que cuando está seca, así que al principio puede impresionar un poco si parece que el tono no es exactamente el que habías elegido.
Pero al secarse cambia bastante y se aproxima mucho más al color real.
Y con la segunda capa fue cuando vimos realmente el resultado final: desaparecieron prácticamente todas las marcas y la pared quedó muchísimo más uniforme.
El resultado
Después de todo el proceso, el cambio ha sido enorme. Quitar el gotelé y alisar las paredes lleva trabajo y hay que tener un poco de paciencia con los tiempos de secado, los retoques y las diferentes capas, pero el acabado final merece muchísimo la pena.
Sobre todo, nuestro consejo después de haberlo hecho es dedicar tiempo a preparar muy bien la pared antes de pintar. Cuanto mejor quede la masilla y más uniforme esté la superficie, mucho más fácil será conseguir después un buen resultado con la pintura.
#PremiosClubLeroyMerlin


